Tchaikovsky fue un gran orquestador, y en el Electone todos los instrumentos de una orquesta, quedan a disposición del intérprete para que éste saque provecho de cada uno de ellos.
Un comienzo con instrumentación plena, abre paso a una melodía dulce llevada por las cuerdas y suavizada por instrumentos de viento en contrapunto (melodía por detrás de la principal). En su parte central, el tema adquiere un toque muy emotivo determinado por los violonchelos en primer plano (ejecutados el en teclado inferior por la mano izquierda), mientras las flautas agudas (ejecutadas en el teclado superior por la mano derecha) dan un toque mágico a la obra. Un final a toda orquesta, transmite fervor y hace estallar el aplauso del público presente en la sala.
Esta obra clásica no tiene instrumentos de percusión que requieran secuencia, lo que demuestra, para aquellos que aún no lo crean, que todo lo que se oye es interpretado en el momento y por una única persona. |